Carta de agradecimiento a los magníficos guías del Aconcagua.
Me desperté temprano por la mañana en el campamento base del Aconcagua, a 4300m de altitud, en Plaza de mulas. Estábamos a unos 8 grados bajo cero. Me encontraba en la tienda comedor con el desayuno preparado. Mientras comía entró nuestra simpática cocinera, Vanesa. Después de su amable saludo y una contagiosa sonrisa, le pregunté por Carlos, su esposo, guía y porteador. Me contestó:
“Carlitos ha salido muy temprano hacia el campamento 3 a buscar la mochila del noruego.”
“Por cierto-le contesté-, ¿qué ha sido del noruego?”
“Unos guías lo encontraron ayer deambulando, completamente desorientado, con congelaciones muy graves en pies y manos, sobre la cota 6000. Lo bajaron hasta Nido y de allí lo evacuaron en helicóptero”.
No vi a Carlos hasta el día siguiente, en su rostro se reflejaba un profundo cansancio, y le pregunté:
“Carlos, ¿porqué has subido a buscar la mochila del noruego?”, y él me contestó:
“No quería que perdiera su material, ya ha perdido mucho en el Aconcagua con las secuelas que tendrá en pies y manos”
Le pregunté si iba a cobrar alguna recompensa por el terrible esfuerzo de subir y bajar mas de 1500 m. cargado con su mochila y bajar la del sueco. El me contestó:
”No, no voy a cobrar nada, el estaba acampado aquí, y es lo menos que puedo hacer. Ahora le enviaré la mochila al hospital de Mendoza.”
Quedé gratamente impresionado por la filosofía social (actitud humana) de este grupo de montañeros que intentan ganarse la vida, en un entorno duro y cruel, pero en las montañas que aman, y aparcan sus intereses cuando tienen que ayudar a alguien.
Tuve el gran honor de compartir distintas jornadas de largas caminatas con varios de ellos. Hombres duramente curtidos, con una voluntad que supera su fuerza física.
Cacho
Aunque yo casi le doblo la edad, me hizo recapacitar su sensatez y su forma de plantear las estrategias a seguir durante la expedición. Me sentía seguro cuando le veía detrás mío, haciendo ver que iba a su ritmo, cuando en realidad se hacia el remolón para no perderme de vista. Si por cualquier circunstancia me adelantaba, al rato me lo encontraba sentado en una piedra haciendo ver que descansaba. Cacho con su sencillez y discreción ha escalado 29 veces el Aconcagua.
Carlos
El entusiasmo, la juventud, la alegría y la amabilidad de Carlos. Con su joven esposa se pasan varios meses en el campamento base de plaza de mulas, ella cocinando y el haciendo de porteador mientras estudia para guía. Es otro de los recuerdos imborrables que tengo de esta gente.
Gato
Gato, que el día en el que descendieron del C3 nos amenizo la cena con sus canciones acompañado de la guitarra, nos sorprendió a todos cuando a las once de la noche nos
dejó. Se fue hasta Penitentes, a 36 km, para ver a su esposa. Estuvo andando toda la noche y llegó allí a las 6 de la mañana.
Gonza
Con él compartimos el Aconcagua, así como una larga marcha a caballo por las montañas que tanto ama. Un orador excepcional con un gran conocimiento sobre la historia de su país. Yo esperaba con impaciencia las historias que nos contaba durante las cenas, no sólo del Aconcagua, sino de muchas montañas y exploraciones de zonas casi vírgenes. Me contó que había escalado las cuatro cimas del Pissis, nuevas rutas en el Ojos y a pesar de ello había escalado el Aconcagua 19 veces.
Podría estar hablando de mucha gente que conocí en estas tierras, gente que quiero volver a ver para seguir enriqueciéndome de su calidad moral.
Alguno de estos amigos que he citado estaba en el arriesgado rescate de la expedición italiana dónde se grabó el desagradable video que han emitido por todas las televisiones, con comentarios desafortunados de personajes que desconocen lo que es una montaña como el Aconcagua o estar en plena tormenta a más de 6000 m.
También he oído comentarios de escaladores famosos criticando la actuación de los guías……….. Que pedantería.
He podido profundizar un poco en todo este espectáculo mediático, y he sabido de primera mano que uno de los rescatadores, bastante delgado y no muy alto, perdió 10 kg de peso durante las horas que duró el rescate. Hay otros varios que sufren principio de congelaciones. Parar encontrar a los italianos tuvieron que subir hasta la cumbre y bajar por el glaciar de los Polacos, en plena tormenta y subiendo casi dos mil metros de desnivel sin parar.
Todos ellos aportaron el material propio del que disponían y esto en un país en el que el material de montaña es muy caro. Dejaron sus trabajos con el riesgo de no cobrar y, por supuesto, arriesgaron su vida consiguiendo salvar al resto de italianos. Todo esto en la televisión no lo cuentan.
Ahora como premio a su sacrificio les daremos unos procesos judiciales y todo lo que conlleva la presión mediática morbosa.
Algunos de ellos, debido a la presión, están pensando dejar este duro trabajo. Espero que no lo hagan y que sigan con este espíritu de sacrificio y lealtad hacia los montañeros. Seguro que en el fututo, en vez de ponerles demandas, más de un padre les tendrá que agradecer que hayan rescatado a sus hijos. Sino que se lo pregunten a los padres de los italianos salvados.
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